ARTICULO
Las cuotas de poder y las contradicciones del gobierno del cambio en El salvador.
Pablo Avelino Tarso
Si vemos con detenimiento, la configuración de los cuadros estructurales de primer nivel del gabinete del gobierno de Funes, y de las entidades inmediatamente subordinadas, nos daremos cuenta que el presidente está cumpliendo con los posibles compromisos contraídos, no sabemos si en la medida de las exigencias que los grupos paralelos de poder puedan tener en cuanto a cuotas de inclusión dentro de la estructura administrativa del gobierno.
Los grupos paralelos de poder a los que nos referimos son, 1) El partido político que llevó al presidente al poder, el FMLN, 2) El sector principal de oposición conformado por la derecha tradicional, representados por sus dos frentes de acción: los diputados en la Asamblea Legislativa y el partido ARENA, y 3) El representado por el grupo apolítico de origen derechista “Amigos de Mauricio”, que tuvo un rol preponderante en la efectividad de la campaña del ahora presidente.
La influencia de estos tres grupos, es innegable, especialmente el FLMN y ARENA, ignorarla y no darles su cuota de poder sería un suicidio político y la anticipación a una situación de ingobernabilidad por parte del presidente.
Sin embargo, creemos que la distribución de las cuotas de poder o de mando dentro del gabinete no están balanceadas, por un lado vemos que dentro del gabinete los amigos de Mauricio son pocos, apenas algunos de la cúpula del grupo que tanto le ayudó a llegar al poder.
El Partido que postuló a Mauricio Funes, ha obtenido hasta el momento una cuota de poder, podría decirse que justa, desde la dimensión de sus propios deseos, ya que obtuvo lo más importante de lo que podrían haber ambicionado y lo constituye el poder poblacional y territorial necesarios para la difusión de su ideología política y su visión de país en el largo plazo; Sin embargo, el FMLN, aparenta alejamiento en el quehacer organizativo del nuevo gobierno y no luce como protagonista político ni instrumento del gobierno del cambio, tampoco se vislumbra, dadas las evidencias, la elaboración de planes de trabajo que concreten los cambios estructurales que el país necesita, cambios por los que el partido tanto luchó, a lo largo de su vida institucional, primero con las armas y luego a través de la participación política.
Por último vemos también que, la cuota de poder que ARENA, vale decir la derecha en El Salvador, disfruta dentro del gobierno del cambio, concedida por el presidente Funes, es a todas luces desproporcionada, comparada con los otros grupos anteriormente identificados, ya que el nuevo gobierno se ve insertado de muchas figuras, demasiadas diríamos nosotros, representativas de las fuerzas económicas y políticas que sostuvieron a los gobiernos anteriores.
Si consideramos lo anterior y lo unimos a la escaza capacidad de maniobra del presidente en la asamblea legislativa, ya podemos anticipar lo que ocurrirá a los programas de reestructuración y reconstrucción de “un nuevo país” como lo prometió el presidente durante su campaña y en su discurso de inauguración cuando dijo que no había lugar para equivocarse y que la falla de este gobierno sería imperdonable.
Las contradicciones del gobierno del cambio.
Queremos recordar las palabras del actual presidente de la república de El Salvador, Mauricio Funes, la noche que se conoció el resultado de las elecciones presidenciales y que le dieron la victoria a él como candidato y al FMLN como partido que lo postuló para ese cargo.
En esa ocasión, tan emotiva y por lo mismo importante, el triunfador en las elecciones, se dirigió a su pueblo y pidió su ayuda para la construcción de un nuevo país, se dirigió a todos los sectores, incluyendo a los grupos políticos que conformarían a partir del 1o. de Junio, la nueva oposición, para que juntos, sin distinción de clase social, posición económica o ideología política, colaboraran en el logro de los ideales por los que tanto el pueblo salvadoreño había luchado a lo largo de tantos años y a costa de tanto sacrificio.
Creímos en la sinceridad de las palabras pronunciadas en ese y otros discursos que durante la campaña política, el nuevo presidente dirigió al pueblo salvadoreño y al mundo; la fuerza de la esperanza mantenida durante tantos años de lucha, por un pueblo sufrido y luchador, impulsaban a este pueblo a poner fe en el símbolo del cambio representado en la figura de un nuevo presidente, figura por demás carismática, que había logrado vencer en su campaña a todas las dudas, tabús y miedos que la campaña del partido oficial, orquestada, financiada y dirigida por el gobierno, había puesto en las mentes y almas de la mayoría de los salvadoreños.
Y no es para menos, después de tantos años de dolor y sacrificio de un pueblo, desde los primeros años del siglo pasado cuando la institución militar se apoderó del país para después entregarlo a la clase económica dominante, lo cual costó al país tanta sangre patriota e inocente; después de 11 años de lucha armada y casi 20 de lucha política, el pueblo daba la bienvenida a lo que creía ser un nuevo amanecer de la patria, al momento de comenzar a reconstruir lo destruido, a redefinir la identidad de un pueblo y a darle protagonismo a todos los marginados social y económicamente en toda la historia del pueblo salvadoreño.
Se pueden escribir innumerables líneas sobre el significado que el triunfo del FMLN, representado en esta ocasión por Mauricio Funes, tuvo y sigue teniendo para el pueblo salvadoreño y quizás no se lograría describir en su verdadera dimensión el impacto sicológico que la sociedad salvadoreña experimentó con este hecho histórico, tal vez seria posible acercarse a una definición de ese impacto a través de la esperanza que este cambio trajo consigo.
Poco tiempo pasó desde ese momento histórico y el horizonte político del país pronto dejó ver barruntos de tormenta.
Y es que desde el discurso de inauguración del nuevo presidente de la oposición histórica del país, encarnado en esta primera victoria en la figura de Mauricio Funes, comenzaron a darse las contradicciones; lo que había sido una invitación emotiva a todos los sectores sociales del país a unirse al proyecto de gobierno de cambio, durante los discurso de campaña y de victoria electoral, se convirtió de pronto en un discurso que mas parecía dirigido a las bases mas recalcitrantes de un partido político radicalizado, que a un conglomerado internacional de alto nivel, presente en una inauguración presidencial, al referirse a los, desde ese momento, ex funcionarios de gobierno, en una forma por demás antagónica y confrontativa; la iniciativa de inclusión para la construcción de un nuevo proyecto de país, fue cambiada por un posición de confrontación, amenaza y por ende de exclusión.
Los que creemos en que se logran mejores resultados ganando voluntades y tendiendo puentes en lugar de erigir muros, tuvimos la esperanza que el presidente podría revertir, en los días siguientes, el efecto confrontativo que sus palabras tuvieron en el grupo social y económico representativo del antiguo partido oficial, es mas, creímos que debía de hacer algo inmediato para revertir ese efecto, pues es imposible gobernar con una oposición tan fuerte y con una clase económica que ha demostrado su hegemonía económica y política a través de la historia y demostrado su fuerza con los resultados electorales que llevaron a Funes a la presidencia.
El mensaje era ominoso e inoportuno a todas luces, considerando que la composición partidista del congreso obliga al gobierno a mantener lazos de entendimiento a fin facilitar, diríamos mejor, a no dificultar la gestión pública.
La respuesta al mensaje presidencial no se hizo esperar y al día siguiente apareció en los principales periódicos del país, como se preveía, el mensaje de ARENA, vale decir de la derecha, el cual fue de clara confrontación ya que la figura de mas alto rango dentro de la estructura de organización de ese partido, tomó el guante lanzado en el discurso presidencial del día anterior.
Por los tantos callejones oscuros que tiene la política, los cuales aun no podemos visualizar pero si intuir, el presidente, de alguna manera tomó acciones cuyos resultados restañaron la herida infligida a la derecha y haciendo caso omiso de compromisos adquiridos, al menos eso creemos, con su partido político y con integrantes de su grupo de amigos, comenzó a emitir nombramientos de cargos y posiciones entre los representantes de aquellos a quienes afrentó en su inauguración.
El ex gerente de la campaña del presidente y diputado por el FMLN en la asamblea Legislativa Roberto Lorenzana le pidió a Funes, poner filtros para evitar que los oportunistas se colaran en el gabinete; la respuesta del presidente a esta sugerencia fue de que no necesitaba filtros, porque su gabinete seria integrado por la gente idónea, lo cual nos recuerda también su reiterada alusión a la “meritocracia” en su discurso de inauguración; ante esto, nos preguntamos, será que el mérito o la idoneidad se dan solamente en los cuadros de ARENA?, partido cuyos lideres llevaron al país al agujero en que se encuentra, del cual Funes hizo la solemne promesa de sacarlo?.
Los Angeles, California Septiembre 6, 2009.